9.10 El carnaval de los persos
(mayo – julio de 1619)
Luego, los primeros dias que siguieron á este los gastó el rey en visitar sus arames, atendiendo tanbien al despacho de las cosas de aquella ciudad, auiendo ya tres años que no venia á Spahan, y juntamente con esto en preuenir lo que auia de enbiar de presente á Xa Selin, rey de Laor, en rreconpensa del que su Enbaxador le auia traido, que aunque grande, sigun la variedad de cosas que se dezia en él auia, no de tanto precio, siendo lo mas del mucha diferencia de animales y paxaros exquisitos, con algunos esclauos bazos ó negros.
Y porque sigun la ordinaria costunbre del rey cada ora se podia esperar del que se partiria de alli rrepentinamente, hizo instancia el Enbaxador, por via del Maymandar, para que de nueuo le oyese sobre la carta que fray Bernardo auia traido, por le poder despachar luego desde alli á España, como testigo de vista para con Su Magestad, de auerse hecho tercera diligencia con el rey, auque no era menester para estar desengañado del más de la primera. No pudo, sigun el Maymandar dezia, ver al rey, estando entonces inaccesible por hallarse en sus arames.
Y ansi se pasó todo el mes de Junio y parte del de Jullio sin poder verle, mas de que por un portero suyo le enbió á dezir que auisase al Enbaxador como sin falta [lo] quería despachar para que por los primeros de Agosto se pudiese partir á Ormuz y pudiese llegar á tienpo, á Goa, de enbarcarse para España en el próximo viage del año siguiente. Enbió tanbien á dezir que queria enbiar otro Enbaxador con un gran presente á Su Magestad, y ansi queria que le auisase que cosas de las de Persia serian en España mejor rrecibidas, á lo qual el Enbaxador le rrespondió agradeciendole la merced que le hazia, siendo la que podia mas desear, y que en quanto al presente fuese aquel que á Su Alteza le pareciese, pues no inportaua
ser las cosas que en él fuesen de mucho ó poco precio, sino el ser enbiadas de su parte con la buena correspondencia que al rey su señor se le deuia.
Después de algunos dias auisó á todos los enbaxadores para que una tarde se hallasen con él en la puente de Spahan sobre el rio Senderu, que ya se a descripto, que diuide las dos colonias de los julphalinos y gaores, de la de los taurisinos y del rresto de la ciudad vieja de Spahan.
Celebrauase anualmente esta fiesta en este rio, de costunbre inmemorial, en la luna de Jullio, en dia destinado particularmente para ella, siendo muy semejante á los antiguos lupercales ó carnauales nuestros, porque se juntauan por público vando toda la gente de la ciudad, indiferentemente de todas las naciones y estados dellas, sin interuencion de mugeres, las quales desde lo alto de la puente podian mirarla, cubiertas conforme á su costunbre, y esto las mugeres vulgares.
Vestíanse este dia los honbres lo mas vilmente que podian, con trage muy diferente del ordinario, con unas casaquillas muy cortas, casi sin faldas, quedando con sus calzones justos, como los botargas de las comedias, y sin tocas en las cabezas, mas de unos malos bonetillos, de manera que á rrespecto de su trage ordinario parecian todos muy rridiculas máscaras. En esta forma se iuan todos al rio, que por se poder en aquel tienpo todo esguazar se cubría por grande espacio de innumerable cantidad de estos lupercos, y alli se langauan agua unos á otros con gran bozeria que se oia desde muy lejos, y para mas comodidad de mojarse lleuava cada uno un vaso de cobre, estaño ó latón, con que muy apriesa cogían agua y se la echauan unos á otros, no parando en esto, sino que los mas valientes derribauan á los otros en el rio, dándose tanbien grandes golpes con los mesmos vasos hasta auer muchos descalabrados y algunos muertos.
Y aunque este día señalado hazía terrible calor vino tenprano el Maymandar con mucha priesa á llamar al Enbaxador, diziendo como ya el rey con los demás aguardaua en la puente. Fue cosa mucho para rreír ver entonces este persiano, porque con ser honbre muy venerable y de mas de sesenta años de edad, venia en el trage y forma que arriba se a rreferido, de manera que no lo acabaua de conocer el Enbaxador aunque estaua hablando con él. Caminóse casi corriendo á la puente, que era un gran trecho, hallando infinita gente de á cauallo y á pie que acudia á la fiesta, todos como phanaticos, hasta que desde muy lexos se oia la bozeria de lo que en el rio pasaua.
Hallaron al principio de la puente, adonde el Enbaxador se apeó, algunos criados del rey, diziendole como el rey mandaua que se apresurase, y luego otros y otros hasta guiarle casi al medio de la puente, y entrando por una de aquellas puertas que se escriuio ya en la discripcion della que se entraua por lo grueso de los pretiles á la parte de Leuante, halláronse muchas alcobas pequeñas, continuadas unas con otras, sobre el mesmo rrio, las quales tenian cada una dellas nueue ó diez pies de largo y quatro de ancho, de manera que conmodamente podian estar sentados en cada una tres ó quatro personas.
En la sigunda, después de la primera alcoba por donde se entró, estaua el rey y el enbaxador de Laor y el del rey de Balca; éste en el tránsito de la alcoba siguiente; y haziendo el rey que el Enbaxador de España se sentase junto á sí le preguntó ¿qué le parescia de aquella fiesta?; la qual andaua entonces tan encendida y con tan terribles bozes y rruido que nadie entendía lo que se dezia arriba, y ansi por esto como porque muchos de los lupercos estauan muy mal descalabrados mandó el rey que fuesen algunos á cauallo, aunque en el mesmo trage, para que los apartasen, siendo esto bien menester, porque de muy encendidos en la conpetencia de mojarse auian llegado ya á las manos, auiendo muchos caidos y medio ahogados en el agua mas alta.
Quedó más placida la conversación, rretirada la más de aquella gente, comenzando la ordinaria fiesta de beuer, viniendo luego muchas tazas y garrafas con vino, y sin otro género de colacion sino algunos platos de pistachos con su cascara, ansi en la alcoba del rey como en las demás que de alli se continuauan hasta el fin de la puente, adonde estauan los demás enbaxadores y otros señores de la corte.
Y porque sienpre el rey, desde Casbin, tuuo mucho cuydado de festexar los criados del Enbaxador de España, mandó que se sentasen en las alcobas continuadas con la suya, hazia el principio de la puente. Siendo toda esta vanda, por mirar al oriente, guardada del sol desde el medio dia, corriendo entonces, aunque con tan gran sol, mucho aire por las puertas que salian á la puente y por las que se pasauan de unas alcobas á otras. A la otra vanda, por darles el sol de cara tenian algunos tendales para defensa, auiendo en aquellas alcobas, que de mañana eran mejores, otra mucha gente de la corte y huespedes forasteros, entre los quales estauan aquel dia los ingleses, que, como se a dicho, hazian presencia de enbajada.
Estauan en la alcoba del rey, quando el Enbaxador de España llegó, dos mugeres de los cortesanas y que publicamente suelen seguirle, festejándole con sus bayles, las quales, muy llegadas á los Enbaxadores de Laor y Balca, los entretenían, con grande rrisa del rey, pero luego que el Enbaxador se sentó, el rey, con la mesma rrisa las mandó salir y que se fuesen con otras muchas que estauan fuera en la puente, diziendo á los demas que alli estauan que el dicho Enbaxador, por su mucha edad, no gustaua de ver baylar, ni entretenerse con mugeres, y boluiendose á él le dixo: no hay para qué nos queráis engañar dándonos é entender que por virtud no tratéis esta gente, siendo á la verdad la causa della la inpotencia en que os a puesto vuestra mucha edad; y con esto, él y los otros dos enbaxadores rreian mucho.
Y porque en Casbin el año antes vsaua el rey de estas mesmas burlas las vezes que se vio con él, le rrespondio en aquella sazón lo que antes, diziendole que Su Alteza tenia mucha rrazon, pues en casos semejantes, á la flaqueza de su edad se deuia de atribuir primero que á su virtud y conpostura; pero que para más confirmación de su vejez, añadió entonces, y que con mayor causa se rriesen del en aquella ocasión, que era de fiestas y entretenimientos, deuia Su Alteza mostrarle algunas de las muchas mugeres que tan escondidas y encerradas tenía, porque las que publicamente por alli andauan no merecian nombre de mugeres, ni era posible desconponer aun á los más mozos.
Fue de manera lo que el rey se enbarazó con esto, que atajó luego la materia de que se trataua y de muy corrido no acertaua á hablar, mayormente que el Mogor y Usbeque dauan grandes gritos de rrisa con lo que el Enbaxador de España auia dicho; mas por ser ya esto veras para el rey, se pasó luego á otra conuersaion, pidiéndole la espada y mirándola, sacándola de la vaina, como sienpre que con él se via auia hecho, y tocándole con mucha atención la punta.
Luego pidió al enbaxador de Laor un puñal, tocando el acero del con el filo de su cimitarra para prouar qual tuuiese mejor tenple, y mirando el Enbaxador, como estauan tan cerca, que el puñal tenia el puño de marfil, mostrándose en él una figura de muger, lo pidió al rey para mirarlo mejor y notó ser el puño ó guarnición una estatua ó figura de muger, conforme á aquella grandeza, propiamente la de una muger stolata semejante á las statuas femeniles que aun ay algunas de las que an quedado de la antigüedad romana, y esta, aunque en tan pequeña forma, labrada natural y perfectissimamente.
Y porque al Enbaxador de España le parescio cosa muy rrara y exquisita la tal sculptura en parte tan rremota de Europa, le preguntó al de Laor que de quien auia auido la guarnicion de aquel puñal, ó si se tenia noticia en Laor ó en otra parte del inperio de su rey de que uviese en Asia, ó las uviese auido, mugeres de aquel trage. Respondió que no, sino que su padre le auia dado aquel puñal y le auia dicho que de aquella forma auia sauido que eran las mugeres rumes antiguas.
Quiso boluerle á preguntar el Enbaxador, ¿de quien uviese sabido su padre aquello?; pero viendo que el rey enbarazaua la platica entremetiendo otras cosas, la dexó por entonces, infiriéndose de lo que el Mogor auia dicho que algún mercader estrangero de los que uviesen estado en Laor en tienpo de Aquebar Xelaladin, ó de Paxa Mahamut, su padre, pudiesen auer llevado aquel brinco, ó alguno de los jesuítas que alli auian rresidido tanto tienpo. Pero aquella figura estaua tan bien y propiamente sculpida, que pudiera dar indicios auer quedado de la antigüedad, auiendo quedado en Asia desde el tienpo que los romanos fueron señores de tan gran parte della, aunque no tan al Oriente como los persianos, ni los usbeques y chacatais, de quien los mogores se precian que vienen.
(García de Silva y Figueroa "Comentarios", Tomo II, Libro VII, Capítulo VI, pp. 384 – 390)
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